Ojos negros

He visto el mundo en la oscuridad de tus ojos negros. Bello, etéreo, inalcanzable. Millones de estrellas como metáforas de cada vida existente en ellos, brillantes y profundas; nebulosas flotantes como los ríos y los mares; meteoritos ardientes como temibles volcanes; lunas con enormes cráteres como montañas… Todo eso veo en la profundidad de tus ojos negros, inmutable ébano en la inmensidad de la existencia. El infinito, la caducidad vuelta inmortalidad por lo magnífico de la vida…

Deseo con locura perderme en tus ojos negros. Poseerlos, amarlos y adorarlos como antaño se adoraban a los antiguos dioses. Porque no hay nada más que anhele: ni el amor, ni la sabiduría, ni tan siquiera la vida eterna. Sólo tus bellos ojos negros y la llama ardiente que veo en ellos.

Porque serás vida y muerte al mismo tiempo, amor y odio, bien y mal.

Y yo tu esclavo enfermo.

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Amado Hombre

Amado, ¡oh, amado hombre! Cuan largo tiempo he soñado con acariciar tu cuerpo, tu suave piel bañada en sudor y lágrimas bajo esos cálidos días de sol que a ti y a mi se nos han antojado siempre tan fríos. Cuántas veces habrán soñado mis dedos con perderse en tu cabello, mis ojos en los tuyos, profundos y distantes… Cuántos días he imaginado haciéndote el amor contranatura, como ellos mismos dicen, sin importar el qué pensarán ni el qué nos dirán. Cuántos días habré susurrado tu nombre maldito al viento, perdiéndose al final del mundo y volviendo a mí a casa segundo sin importar las distancias.

Y cuánto miedo he sentido ante el mundo, que no nos entiende ni nos comprende. Cuántas noches habré llorado porque me han dicho que estaba mal, que no era más que vicio y perversión. Pero el pecado, ¡oh, el pecado! se vuelve tan maravilloso cuando lleva tu rostro como una máscara fundida con la piel. Siento ese maravilloso escalofrío cuando pienso en ti, cuando recuerdo tu aroma allá donde vaya, el sonido de tus pasos en las calles, el increíble timbre de tu voz en el recuerdo.

Amado, ¡oh, amado hombre! Hazme tuyo una vez más. Hazme la criatura que quiero ser, buena y tierna, dulce y cariñosa, sin importarme el mundo y sus terribles consecuencias. Ámame como yo te amo, con esta loca devoción insana que me pierde y que hace que no me importe nada. Porque somos sólo hombres, y nos debemos a nuestra alma pecaminosa.

Hazme tuyo, ¡oh, amado hombre! Y seré, al mismo tiempo, el hombre más feliz de la tierra.

Catalunya, t’estimo

Hoy toca una dedicatoria muy especial, en la lengua que hace que me emocione y me hinche de orgullo. Porque hoy es nuestro día una vez más, y lucharemos porque así lo siga siendo.
A los que no entendáis catalán no os preocupéis, tenéis la traducción más abajo.

 

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Perquè el cor em batega a un ritme insospitable. La sang corre, crema, plora i s’emociona cara dos colors, cara una bandera, cara un himne que posseeix el meu cos i la meva ànima. 

I no hi puc fer res, perquè és la meva terra, la meva nació, qui em va donar la vida i em veurà morir, on les meves  cendres es fondran d’aquí a les noves genereacions que l’estimin tant com me l’estimo jo. Perquè ara és millor del que va ser pels meus pares, però serà millor pel dia que sigui dels meus fills. I no hi ha mal, només orgull i dita per una història espléndida, meravellosa, plena d’homes valents que alimenten la nostra passió tot i el temps passat. A vosaltres, avantpassats del meu país, de casa meva i del meu cor, us dono les gràcies un dia més per aquest amor a la meva llar.

Feliç diada, i visca Catalunya!!

 

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Porque el corazón me late a un ritmo insospechable. La sangre corre, arde, llora i se emociona ante dos colores, ante una bandera, ante un himno que posee mi cuerpo y mi alma.

I no puedo hacer nada, porque es mi tierra, mi nación, quien me dio la vida y quien me verá morir, donde mis cenizas se fundirán de aquí a las nuevas generaciones que la amen tanto como la amo yo. Porque ahora es mejor de lo que fue para mis padres, pero será mejor que el día que sea de mis hijos. Y no hay ningún mal, sólo orgullo y dicha por una historia espléndida, maravillosa, llena de hombres valientes que alimentan nuestra pasión a pesar del tiempo. A vosotros, antepasados de mi país, de mi casa y de mi corazón, os doy las gracias un día más por este amor a mi hogar.

Feliç diada, i visca Catalunya!!

 

 

Catalunya, triomfant,
tornarà a ser rica i plena!
Endarrera aquesta gent
tan ufana i tan superba!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Ara és hora, segadors!
Ara és hora d’estar alerta!
Per quan vingui un altre juny
esmolem ben bé les eines!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Que tremoli l’enemic
en veient la nostra ensenya:
com fem caure espigues d’or,
quan convé seguem cadenes!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Caricias

El fantasma de sus caricias aún estaba vivo en ella. Sabía que no era el viento, ni la melancolía, ni tan siquiera unos recuerdos tan poderosos que se volvían reales: simplemente su amor aún seguía allí, pasados los años, y seguiría muchos más, cuando su piel suave y tersa se volviera arrugada y marchita, cuando la calidez se tornara hielo y cuando sus enormes ojos se hundieran en sus cuencas cegándola del triste mundo que la rodeaba y la había dejado sola. Porque no, no había suficiente comprensión en el mundo, ni consuelo alguno, ni palabras cariñosas que la ayudaran a olvidar aquellas dulces caricias.

Sus dedos entrelazándose entre los mechones de su pelo.

Las falanges rozando su cuero cabelludo.

Sus cálidas manos rozándole el cuello.

Y sin necesidad de decir un solo “te quiero”.

Y aunque su cuerpo permaneciera frío bajo tierra desde hacía una eternidad, ella le seguía amando, recordando a cada instante. Cada ínfimo segundo se le hacía duro perdido en su recuerdo, pero ya ni el de su rostro, ni el de su nombre, ni el de su sonrisa… Sólo sus manos. Se dejó llevar entre los susurros del aire, clamando tras una única lágrima silenciosa compasión al universo, rezando y rezando volver a sentir el calor de sus manos una última vez.

Pero ya no había nada.

Y en nada se convirtió, sólo recordando sus caricias mientras sonreía y desaparecía.

Sentido

He sentido el acero de tus dedos rasgando lo más profundo de mi alma.

He sentido el hierro de tus uñas arañar la fina armadura de mi piel y bañarse en la sangre con la satisfacción propia que produce el dolor ajeno.

He sentido el titanio de las yemas de tus dedos acariciar la carne como la reina de la lascivia, sonriendo ante la desesperación y el dolor de mi inmundo ser humano.

He sentido el plomo de tus falanges tocar mis huesos convertidos en polvo ante el dolor, la impotencia y la agonía de mi pobre y desdichada alma.

He sentido toda la frialdad de tu pobre y solitario corazón tocar el mío, agarrarlo como un juguete roto y apretar, despacio, muy despacio, gozando de la sensación de destruir y convertirme en un amasijo de nada, una hija sin padre ni madre, una pobre niña sin nombre.

Sabiéndome tuya, antes, ahora y después.

He sentido uranio donde antes tenía alma; cobre donde antes tenía vida… y vacío donde yacía mi maldito corazón, aquel niño sin edad alimentado de sueños y esperanzas donde lo era todo y ahora ya no es nada. Porque nada, ya no hay ni habrá nada donde hasta mi sangre hervía y palpitaba: ni el dulce calor del verano, ni el cruel frío del invierno; ni la suavidad de una caricia, ni el dolor de una puñalada; ni amor, ni odio… nada.

Y aquí yazco, en un vacío que lo es todo y a la vez es nada, mientras sigues alimentándote de mi pequeño corazón cual lobo despiadado descuartizando la oveja más débil del rebaño, riendo y aullando a la luna mientras mis ojos se pierden en la inmensidad del infinito, ojos que lo ven todo y a la vez no ven nada. Mi cuerpo puede volver a la tierra, sin dientes, carne o huesos, siendo parte de una vida más placentera de la que tuve, pero no de la que fue soñada. Mas mi alma, despedazada en miles de fragmentos, se encontrará perdida eternamente en el viento, en las agujas de los pinos, en las raíces más antiguas que el propio ser humano, en cada guijarro y cada gota de lluvia. Que busque el siguiente entonces: yo dormiré, sí, dormiré en un letargo eterno, sin dolor ni pasión, sin odio y sin amor, sin decepciones ni esperanzas… Hasta el mismo día en que recuerde mi nombre y alguien me alimente con su propio corazón arrancado del pecho con sus propias manos, ofreciendo en sacrificio aquello que los propios y necios humanos solemos llamar “amor”…

He sentido el fuego de tu alma en la mía como una sola…

Y ahora ya no sentiré… nunca más.

Amada embalsamada, loba blanca

Hola a todos. Después de tiempo y tiempo sin publicar, vuelvo con un relato con una colaboración del mismísimo Jack Mircala. No tengo palabras para expresar el agradecimiento y la ilusión de tener esta pequeña obra en el blog de tan grandísimo artista, así que ¡disfrutadla!

 

Escuché los gritos en la noche, pensando que eras tú. ¿Quién iba a creer, tras largos y largos años de soledad, que tu figura se presentaría tan irreal como la misma bruma nocturna?

Paseaba entre mis dedos la cuerda, finamente trenzada, pensando lo mismo de cada noche una vez más. No, no encontraba el valor, ni la fuerza necesaria de esos gigantes de la antigua literatura, ni la entereza suficiente como para reunirme contigo. Mi amada, mi ángel, si tan siquiera tuviera el valor suficiente durante unos instantes, unos únicos segundos…

Y volví a escuchar esos gritos. Me levanté despacio, recorriendo los olvidados pasadizos de mi vieja mansión, pensativo. No sabía el tiempo que había pasado ya, cada noche emulando tu rostro imperecedero, grandioso, como a una antigua diosa de la mitología, de aquellos cuentos olvidados que ya ni tan siquiera se leen a los niños antes de dormir. Sólo mi recuerdo te mantenía viva, bella, etérea, virginal como lo habías sido en vida… y también en la muerte.

Los gritos una vez más mientras habría las grandes puertas de roble que daban a tu estancia. Allí, rodeada de la luz tenue de las velas, tu cuerpo embalsamado erigiéndose sobre mí, en un altar creado de madera, piedra y amor enfermizo. Seguías siendo tan hermosa, tan pura… Y yo, tu único espectador y visitante, desolado entre los gritos de los animales de la noche.

Entonces apareciste. No tu espíritu flotante, ni tu alma errante entre los pliegues de las cortinas de satén, ni siquiera entre tu cadáver conservado sólo para mi disfrute, sino entre los siseos del viento nocturno, cuando dicen que las brujas se levantan para cantarle a los demonios. Pero no, no fue eso lo que escuché, sino tu dulce voz susurrándome a través de un silencio mudo e inexistente, en mi cabeza como la muestra más ferviente de mi locura. Y aquella criatura…

Me volví al escuchar sus tímidos pasos. Un hermoso lobo completamente blanco, de grandes patas y ojos oscuros, iguales a los tuyos, acercándose lentamente a mí. Me arrodillé ante él, dejando caer la soga al suelo, llorando como un niño desconsolado. Y sí, vi tu alma en él, en sus ojos brillantes y fogosos, narrándome viejas historias de amor como lo hacías en su día. Mi vida, querida mía… nadie podría relatar en aquel momento lo terribles que eran mis sollozos desconsolados al sentirte tan cercana y a la vez tan lejana. Se acercó a mí, lamiendo mis lágrimas con la misma ternura que una madre a su pequeño. Sentí tanto calor, tanto afecto y amor…

-Déjame unirme a ti, ahora y por siempre.

Apenas recuerdo nada más. Sus colmillos perforando lentamente mi cuello, la sangre cayendo despacio, la calidez de mi último aliento… No sentí dolor, ni pena, ni rencor, sólo un alivio y una felicidad inexplicables antes de dejar de percibir nada a mi alrededor. Y sus ojos, sus bellos ojos como los tuyos, llorando igual que yo.

Me reencarné junto a él, amparado por la noche. En una criatura triste y solitaria, mundana a los ojos de los hombres. Pero ¡oh, querida! Cuán feliz me sentí al despertar junto a ti, en lo más profundo de los bosques, donde ni siquiera la muerte había sido capaz de separarnos. Nuestros cuerpos caducos permanecerán hasta convertirse en polvo en los recovecos de una antigua mansión, pero nuestras almas yacerán intocables de aquí a la eternidad.

Como esas pequeñas lágrimas y los sollozos en la noche.

Corazón

¡Hola a todos! Nuevo post en el blog, no sin antes hacer un pequeño inciso para estas fiestas, en los que creo necesario mencionar a todos aquellos pequeños artesanos y artistas que nos ofrecen sus productos manuales y únicos. ¡A regalar arte esta Navidad!

¡Saludos!

 

Aún recuerdo esa dulce melodía inundando los rincones de esta vieja mansión como perfume llenando el aire. Notas tan sublimes, tan cargadas de amor y pasión, relatando una historia ya en su día milenaria. Un amor inimaginable, una devoción al borde de la locura…

¿Tanto era, amada mía?

Sólo quería que fueras mía, única y exclusivamente mía, toda tú completamente. Que nadie te mirara, que nadie te tocara, que nadie te besara, que nadie más que yo te amara… Tú eras mi mundo, mi diosa etérea y cristalina, el aire en mis pulmones, la sangre de mi corazón, latiendo junto al mío sin descanso, revolviendo todo mi ser, mi alma corrupta y dañina. Sólo yo entendía la perfección de una criatura como tú, en el tacto de tu piel, la suavidad de tus cabellos, el sonido de tu risa… ¿Cómo permitir que otros se acercaran a ti sin ser merecedores de ello?

¿Tan loco estaba yo por ti?

Recuerdo aquella última noche, bebido entre mi amor enfermizo, en el que mis pensamientos se habían perdido entre el crepitar de las llamas y el canto del pequeño pitirrojo que cantaba sobre tus dedos aún entrada la oscuridad. Tus ojos tiernos, envolviendo a aquella débil criatura con cariño y afecto sólo por cantar… ¿Por qué yo no tenía esa mirada, aquel deje de ternura y compasión? Ante mí, sí, ante mí otra criatura te estaba robando el corazón…

Y tu corazón era mío.

Apenas recuerdo nada más. Todo se volvió rojo y oscuro, y el pequeño pajarito no pió ni una vez más. Sólo mis manos cubiertas de sangre con un puñal entintado, y tu pecho abierto brillando bajo la luz de las llamas del fuego ardiente. Podía ver tu corazón, tu bello y hermoso corazón, aquél que únicamente debía haber latido para mí.

Debía hacerlo mío.

Mis manos se hundieron en tu pecho, hermoso incluso mutilado. El tacto entre mis dedos, tan suave, tan fino… Y el olor, el olor de la sangre inundando mi ser, tan dulce, tan apetitoso. ¿Cómo impedir lo inevitable, aquello que había nacido para ser mío?

Qué delicia, tu dulce corazón.

Devoré todo aquello que tenía entre mis manos. Cada milímetro, cada gota manchando mis manos y mis labios. Cuántos se horrorizarían, pero ¡oh! Cuán deleitoso probar el sabor de tu carne cruda, el sentir que por fin eras parte de mí, de nadie más, de aquí a la eternidad. Aun con mis huesos transformándose en polvo y cenizas, el saber que sólo serías mía me daría la vida eterna.

Y tu corazón, oh amada mía, junto con el mío por siempre jamás.