Gula por Lujuria

Y por fin, nuevo relato. Hay que ponerse las pilas, lo sé, pero a veces cuesta -.- Por suerte, esta vez compenso con una colaboración de Gemma Manuel Santinyo y Javier Loba.

http://santinyo.blogspot.com/

http://www.javierloba.com/

Disfrutadlo, saludos!

 

Quise pensar que todo aquello era un sueño, una ilusión diáfana provocada por el exceso de opio y alcohol que dominaba mi cuerpo desde altas horas de la noche. El olor de la droga quemada inundaba mis sentidos, la oscuridad me encadenaba hacia una celda sin comienzo ni final… y tú, mi bella y hermosa dama, aparecida como en un cuento nocturno, entre luces y música estruendosa, me habías atrapado con tus dulces labios hasta la prisión en la que permanecería mi alma eternamente, encadenado por siempre entre tus dedos lujuriosos.

Y no podía parar de gemir. Tus labios rozando mi miembro, tan salvaje, y yo demasiado  extasiado como para intentar escapar. Sintiendo que me engullía, que me devoraba…

-Aún no… no me has dicho tu nombre…

-¿Importa mi nombre?

-Necesito saberlo…

-¿Por qué?

-Si no… volviera a verte jamás después de esto… al menos querría tener un nombre que recordar…

-No tengo nombre.

-Claro que sí… ¿Y si prometo decirte el mío?

-Tú dentro de poco no tendrás nombre.

Y entonces grité. El dolor, el increíble dolor que sentí en aquel instante sólo era equiparable a la confusión. Me llevé las manos a la entrepierna, viéndome todo empapado en sangre, y grité todavía más. Entonces fue cuando la vi tal cual era, un ser monstruoso a la par que bello, con los labios rojos y enormes dientes como cuchillas. Me sonrió mientras se limpiaba la sangre de la barbilla.

-¿Por qué…?

-No hay un porqué. Sólo te di lo que querías, y tú me darás a mí lo que quiero.

-Yo no quería…

-Sí, sí que querías. Querías una ilusión, un esbozo de belleza bajo el cual desencadenar tu pasión y tu lujuria. Querías un monstruo que te concediera un único deseo, pero no entregarle nada a cambio. Los pecados se pagan, y para ello no buscas un monstruo, buscas un demonio bajo el cual hacer un trato. Ambos perdemos.

-¿Qué pierdes tú?

-Un muerto que ensucia mis manos después de alimentarme.

-¡Eso no es justo!

Y entonces sonrió todavía más, con aquellos dientes, enormes y gigantescos dientes, relamiéndose un poco más, lista para acabar con aquel pacto infernal.

-Nadie dijo que los tratos con el diablo fueran justos.

Así se paga la lujuria… con la gula.

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