Corazón

¡Hola a todos! Nuevo post en el blog, no sin antes hacer un pequeño inciso para estas fiestas, en los que creo necesario mencionar a todos aquellos pequeños artesanos y artistas que nos ofrecen sus productos manuales y únicos. ¡A regalar arte esta Navidad!

¡Saludos!

 

Aún recuerdo esa dulce melodía inundando los rincones de esta vieja mansión como perfume llenando el aire. Notas tan sublimes, tan cargadas de amor y pasión, relatando una historia ya en su día milenaria. Un amor inimaginable, una devoción al borde de la locura…

¿Tanto era, amada mía?

Sólo quería que fueras mía, única y exclusivamente mía, toda tú completamente. Que nadie te mirara, que nadie te tocara, que nadie te besara, que nadie más que yo te amara… Tú eras mi mundo, mi diosa etérea y cristalina, el aire en mis pulmones, la sangre de mi corazón, latiendo junto al mío sin descanso, revolviendo todo mi ser, mi alma corrupta y dañina. Sólo yo entendía la perfección de una criatura como tú, en el tacto de tu piel, la suavidad de tus cabellos, el sonido de tu risa… ¿Cómo permitir que otros se acercaran a ti sin ser merecedores de ello?

¿Tan loco estaba yo por ti?

Recuerdo aquella última noche, bebido entre mi amor enfermizo, en el que mis pensamientos se habían perdido entre el crepitar de las llamas y el canto del pequeño pitirrojo que cantaba sobre tus dedos aún entrada la oscuridad. Tus ojos tiernos, envolviendo a aquella débil criatura con cariño y afecto sólo por cantar… ¿Por qué yo no tenía esa mirada, aquel deje de ternura y compasión? Ante mí, sí, ante mí otra criatura te estaba robando el corazón…

Y tu corazón era mío.

Apenas recuerdo nada más. Todo se volvió rojo y oscuro, y el pequeño pajarito no pió ni una vez más. Sólo mis manos cubiertas de sangre con un puñal entintado, y tu pecho abierto brillando bajo la luz de las llamas del fuego ardiente. Podía ver tu corazón, tu bello y hermoso corazón, aquél que únicamente debía haber latido para mí.

Debía hacerlo mío.

Mis manos se hundieron en tu pecho, hermoso incluso mutilado. El tacto entre mis dedos, tan suave, tan fino… Y el olor, el olor de la sangre inundando mi ser, tan dulce, tan apetitoso. ¿Cómo impedir lo inevitable, aquello que había nacido para ser mío?

Qué delicia, tu dulce corazón.

Devoré todo aquello que tenía entre mis manos. Cada milímetro, cada gota manchando mis manos y mis labios. Cuántos se horrorizarían, pero ¡oh! Cuán deleitoso probar el sabor de tu carne cruda, el sentir que por fin eras parte de mí, de nadie más, de aquí a la eternidad. Aun con mis huesos transformándose en polvo y cenizas, el saber que sólo serías mía me daría la vida eterna.

Y tu corazón, oh amada mía, junto con el mío por siempre jamás.

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2 comentarios el “Corazón

  1. Alan Rulf dice:

    Tal vez por eso, cuando una mujer nos gusta, decimos que está “muy buena”. Incluso el decir “me gusta” nos lleva a ello.

    Saludos.

  2. jezasanchez dice:

    Nunca lo había pensado así… ¿A los hombres os pasará lo mismo?

    Saludos!

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