Sueño Inmortal

La dama abrió los ojos una noche más, despacio, liberándose de un sueño que la tenía presa hasta el último de los rayos del Sol. Se recostó, notando el frío de la noche recién nacida en su fina piel, la oscuridad penetrando por sus pupilas muertas y las venas casi vacías en su cadáver viviente. Poco a poco, se sacudió el polvo de sus ropajes oscuros, con una calma inalterable, casi como un ritual que llevaba siguiendo a la perfección desde hacía décadas. Mientras tanto, empezó a recordar.

Había tenido un sueño, un extraño sueño en el que el mundo era bello, vivo, lleno de color y luz. En él, la gente reía y cantaba, danzaba bajo Sol y Luna, en la tierra y en el cielo, entre las nubes y las estrellas, notaba el calor con una fuerza vívida y sobrecogedora. Había paz, felicidad, amor…

Pero, al fin y al cabo, no había sido nada más que un sueño, una ficción ideada por la mente de una criatura pecadora, que ya no tenía ni el derecho a imaginar un mundo perfecto en el que el alma humana pudiera regocijarse y ser feliz. Desde el momento en que dejó de ser humana, de definirse como mujer, aquellas esperanzas se habían convertido en aquello que cubría sus ropas cada noche al aparecer la Luna e imponer su dominio en el cielo: polvo, un polvo mustio y putrefacto, restos de lo que antaño fue una bella forma que llegar a sentir suculenta en los labios de un amante; la más bella melodía a oídos del más grande de los músicos reducidas a tachones en una partitura desgastada,  las palabras más dulces de un poeta dedicadas a una amada que sólo conoce la burla y la vanidad…

Acarició lentamente sus párpados, notando por primera vez algo extraño en ellos. Sintió como una maraña de hilos cubriendo sus facciones, un enorme telar que no le dejaba entrever más de lo necesario para un monstruo sediento de sangre. Una venda, un gigantesco antifaz que borraba cualquier imagen de lo que pudo llegar a ser o poseer cuando su débil corazón palpitaba, rebosante de vida y júbilo. Aquello que anulaba su condición humana.

Sintió al apartar un pequeño mechón de su frente la piel fría como el hielo, y suspiró. Ni siquiera conocía el significado de aquellas reflexiones. ¿Qué le quedaba, los recuerdos de una vida muerta, o el sueño idílico de los inmortales?

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Un comentario el “Sueño Inmortal

  1. Alan Rulf dice:

    ¿Muertos?

    ¿No muertos?

    ¿Los no muertos?

    ¿Sueñan los no muertos?

    ¿Qué sueñan los no muertos?

    ¿Sabes qué sueñan los no muertos?

    ¿No sabes qué sueñan los no muertos?

    ¿Que no sabes qué sueñan los no muertos?

    ¿A que no sabes qué sueñan los no muertos?

    Saludos.

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