Forever Yours

Nuevo relato en el blog, aprovechando antes de que volvamos a retomar el proyecto de Vacua Anima. Ésta vez, sólo una publicación.

Saludos!

 

La dama miró a las profundidades, con expresión perdida. A sus pies, el mar oscuro parecía no finalizar jamás, perdiéndose en las mayores entrañas de la tierra mientras en su interior nadaban los monstruos marinos más aterradores. El reflejo de la luna llena cubría a alguna de esas criaturas, iluminando el lugar como las millones de estrellas que salpicaban los cielos. Balanceó uno de sus pies, mientras restos de runa caían al mar rompiendo su impecable armonía. Agarrada al muro de piedra, suspiró por su anhelada libertad.

 “Me las arrancaron…”

 Se volvió y empezó a bajar las escaleras poco a poco, observando el lugar. Las ruinas destruidas de lo que antes fue su antiguo castillo estaban cubiertas por la mano naturaleza, con hierba y tierra por doquier mientras las enredaderas escalaban sin cesar por los restos de los muros. Los largos pasillos eran ahora apenas un par de rocas, los altos techos habían desaparecido, las estatuas no eran ya más que polvo… y ella, una princesa de leyenda.

 “Mis alas de plata…”

 Recorrió los antiguos corredores, evocando las antiguas cristaleras y cada piedra de los cálidos muros. Las risas de los habitantes recorrieron su memoria con paso fugaz, como el vuelo casual de un ave que se ha perdido. Su eco dejó rastro de arenisca en su mente como una mancha imborrable, como la firma de su sentencia a la eterna soledad.

 “Tu beso etéreo…”

 Siguió caminando, mientras las risas daban paso a las melodías de su niñez. Una canción de fantasía, unas notas soñadoras de melancolía. Aprendió a cantar bajo aquellas notas interpretadas por un solitario laúd, dibujándose en su mente cuentos de hadas de antaño. Imaginó sus alas cristalinas, provocando un reflejo semiopaco propio de sueños irreales.

 “Lo echo de menos…”

 Pasó por los jardines donde ya no quedaban más que flores mustias y árboles podridos. Donde antaño pájaros cantaban ahora descansaban en paz eterna cadáveres imperecederos, entre las malas hierbas sólo crecían dos pequeñas rosas solitarias que agarró sin detener su avance, ignorando las espinas calvándose en su piel y derramando pequeñas gotas de sangre que rociaron el suelo invicto. Con la mano ensangrentada, soñadora, avanzó con decisión.

 “Tu carne…”

 Llegó finalmente a los restos del cementerio del palacio. Las viejas tumbas habían desfallecido junto con sus protegidos, erosionándose por los golpes del tiempo hasta convertirse en poco más que arena antigua. Ni ellas, ni las cruces, ni las estatuas de los ángeles habían logrado vencer la maldición que reinaba sobre aquellas tierras. Apenas unos huesos, unas calaveras sonrientes y unas manos alargando los dedos hacia los cielos, habían logrado permanecer enterrados en la tierra. Pero ella no se detuvo, siguió caminando hacia su destino.

 “…antaño tan cálida…”

 Los restos de aquel pequeño mausoleo luchaban por persistir más de lo que lo había hecho el resto del lugar, aunque no había logrado evitar ganarse sus propias cicatrices: los ángeles guardianes de las puertas estaban mutilados, ciegos y con lágrimas huecas. La luz de la luna bañaba el interior de la estancia, pues las bóvedas se habían rendido en la eterna batalla. Subió los escalones, sin vacilar, pasando junto a los cadáveres de aquellas estatuas. Ralentizó el paso al entrar, observando el interior con expresión soñadora. Su príncipe, su amado de ensueño, tumbado en una cama de piedra con el cuerpo embalsamado.

 “…mía eternamente…”

 Observó su rostro, bañado por la luz blanca celestial. Su expresión era tan plácida que siempre se planteaba la duda de que en realidad permaneciera dormido. Entre sus manos, cerradas sobre su pecho, descansaban unos lirios ya marchitos. Con cuidado la dama los arrancó de sus dedos y los lanzó al suelo, donde los otros cadáveres florales que habían custodiado el de su amado llevaban presenciando aquel encuentro. Colocó entre sus manos artificiales las dos rosas manchadas de su sangre, perforando su carne muerta.

 “… y yo por siempre…”

 Con calma, se volvió hacia la daga con la que habían galardonado a su caballero. La agarró con calma, observando la luz de la luna reflejada en ella. El día que ella tanto había anhelado había llegado por fin…

 “…con mis huesos transformados en polvo…”

 La sangre salpicó como un torrente el cuerpo de su enamorado, tiñendo sus manos, rostro y ropajes de escarlata. Las rosas se volvieron relucientes antes de que la dama cayera sobre ellas, posando sus labios sobre sus pétalos. Los cabellos negros se esparcieron sobre el pecho de su amado como una cascada de ébano, mientras su propia sangre manchaba la piel blanca. Cerró los ojos, sonriendo.

 “…perdidos en tus manos…”

 En un castillo donde nadie nunca jamás habría respirado, la princesa dejó ir su último suspiro en los brazos muertos de su amado embalsamado.

 “…eternamente tuya…”

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2 comentarios el “Forever Yours

  1. Alan Rulf dice:

    Me ha gustado la estructura, párrafos compactos alternados con breves frases. Me ha gustado la historia, y la atmósfera que creas con esas mil imágenes que mencionas. Y también me ha gustado que una de esas mil imágenes me haya sugerido un relato.

    Así que gracias por todo.

    Y saludos, claro.

  2. jezasanchez dice:

    Me hace mucha ilusión servir de inspiración a otros, así que te doy yo también las gracias (además de por las buenas críticas).

    Saludos!

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