Las gemelas de Claymore’s Ville (II)

Segunda parte de Las gemelas de Claymore’s Ville, aprovechando e intentando recuperar un ritmo más frecuente de publicación.

Saludos.

Parte II

 

La anciana que las cuidaba montó en cólera, y citando los santos evangelios les transmitió la rabia divina a través del castigo físico. Por cada golpe la vergüenza de su Señor arremetía contra ellas, pues habían ensuciado su nombre de la forma más burda que jamás hubiera logrado concebir una mente enferma de locura. Cuando una intentaba detener a la anciana, la otra era castigada con golpes aún más duros, mientras que la que había osado interponerse recibía palabras de vergüenza.

Medio muertas, con heridas horripilantes que desfiguraban sus cuerpos y abandonadas en las calles más solitarias de la ciudad en medio de la oscuridad, decidieron huir a algún lugar lejano para que nadie pudiera juzgarlas con libertad. Si su Dios era incapaz de entender aquel amor tan extraño pero a la vez tan puro, buscarían algún otro que las comprendiera. Si su Dios era capaz de abandonarlas…

“Gabriela, ¿qué mal estamos haciendo?”

 “Ninguno”.

 “¿Por qué no nos comprenden entonces? ¿Por qué nos llaman monstruos?”

 “Porque no saben lo que es amar como nos amamos nosotras”.

 “¿Quién nos comprenderá entonces? ¿Quién nos aceptará…?”

 “Tiene que haber alguien”.

 “Pero, ¿quién?”

 “Alguien; sea dios… o demonio…”

 No lograron huir.

La anciana rebeló su secreto a las gentes del pueblo, que enteradas de tal aberración montaron en cólera y se respaldaron bajo los falsos preceptos de la Inquisición. Quemaron su casa, los recuerdos vacíos que habían dejado sus progenitores tras su muerte, sus retratos, sus vidas… No podía quedar nada de ellas en la tierra, pues los ángeles se habían transformado en los monstruos más horrendos que jamás habían podido surgir de las entrañas de una humana. Las niñas huyeron, ente gritos de dolor y pena consumida. Cuando incluso sus huellas fueron borradas tras ellas, sólo les quedaba una salida.

Huir.

Corrieron hacia la costa mientras las llamas se alzaban a lo lejos, consumiendo hasta la última ceniza de lo que había sido su hogar, elevándose hacia los cielos más que la casa de Dios. Aún sentían la fuerza de los látigos a sus espaldas, las heridas abriéndose por el esfuerzo de correr, manchando sus blancos ropajes y sus largos cabellos, pero no les quedó más remedio que ignorarlo.

Las perseguían.

A muerte.

Para eliminarlas.

Por su pecado.

Por su amor corrupto.

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Un comentario el “Las gemelas de Claymore’s Ville (II)

  1. Alan Rulf dice:

    Tiene mucha fuerza lo que escribes, y le pega perfectamente a la imagen que nos has puesto de ti. Me gusta la idea y el ritmo, y cómo lo rompes con las últimas frases.

    Saludos.

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