La bella y la bestia (I)

Parte (I)

No hay tiempo.

Las voces se elevan por encima del sonido del viento, llevadas por la rabia y la ira. Aquí arriba, todos lo sonidos del mundo llegan, incluso los gritos rabiosos de los aldeanos pidiendo la sangre como si fueran monstruos insaciables.

Aquí, en mi campanario de cristal.

Ya no hay tiempo.

Puedo ver reflejadas en las paredes las llamas de las antorchas que llevan encendidas abajo, en la calle del pueblo. Son tan intensas que llegan hasta aquí arriba, reflejadas en las bóvedas de cristal, sombra de sombras, muerto de muertos, el sueño de un sueño… No lo comprenden, no pueden comprenderlo. ¿Por qué…?

¿Por qué no pueden entender nuestro amor…?

Un fuerte estruendo tras de mí. Me vuelvo y allí te encuentro, cubierto de heridas y rezumando sangre por todas partes, jadeante, sudoroso y débil. Monstruo entre dioses, demonio entre ángeles, maldito entre bendecidos. Mi pobre bestia… Aquél que nació con cuerpo de monstruo y corazón divino, careciendo de belleza humana pero dotado del alma más pura que pueda existir. Te creen monstruo por tu aspecto, pero yo veo en ti la auténtica criatura que ha sufrido todos estos años la crueldad de los humanos y la soledad que pertoca a aquellos que son diferentes, que son como tú. Cuando creen que me amenazas me estás sonriendo, cuando piensan que me atacas me estás abrazando… Porque yo soy aquella que siempre ha creído en ti, que ha visto tu alma y ha ignorado tu cuerpo, como en un cuento de hadas en el que los príncipes desean a princesas deformes. Y porque eres el único que ha sabido entenderme, que ha visto más allá de mi cuerpo y ha sabido desnudar mi alma… aquel al que yo amo…

Mi pobre bestia…

Parece que el campanario oscurece. Es como si el cristal del que está hecho estuviese llorando con nosotros, adivinando nuestro cruel destino. Y los gritos de los aldeanos se acercan, reclamando tu cadáver y el mío. Me dices que me vaya, que huya y te deje para que pueda seguir viviendo… Pero yo no quiero abandonarte. No puedo dejarte a manos de esos monstruos, a aquellos que se relamen los labios con la simple idea de acabar contigo y huir. Quiero vivir contigo, quiero sufrir contigo… y si no puedo hacer esas cosas, al menos quiero morir contigo.

Porque te amo…

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