Whisky

Nunca el sabor del whisky le había sabido tan intenso. Perdida en una vorágine de carne, sudor y gemidos, notaba la lengua más sedienta que nunca, pero no le importaba lo más mínimo. Sus papilas gustativas estaban inundadas de miles de sabores maravillosos: el del aire secándole la boca, el del aliento de su amante entre respiración y respiración, la saliva mezclada con la sangre provocada por los golpes en pleno arrebato, el de las yemas de sus dedos rozándole los labios, su cabello balanceándose sobre ella… Se sentía perdida en medio del éxtasis del mundo más fantástico que era capaz de experimentar como ser humano, gozando cada mínimo instante de lujuria perversa y salvaje.

Por eso, cuando su amante se acercó a ella y le acercó la botella a los labios, pensó que iba a explotar de placer. Porque, aquel líquido tan fuerte que normalmente no podía ni oler, se le antojó más suculento que la propia ambrosía, como si hubiera explotado en ella para provocarle el más potente de los orgasmos. Ya ni la música, ni los gemidos, ni su sexo dentro de ella… El éxtasis fue el potente sabor del whisky, cayendo por su barbilla y por sus senos para mezclarse con el sudor de ambos.

Era el sabor más intenso que había probado nunca.

Ojos negros

He visto el mundo en la oscuridad de tus ojos negros. Bello, etéreo, inalcanzable. Millones de estrellas como metáforas de cada vida existente en ellos, brillantes y profundas; nebulosas flotantes como los ríos y los mares; meteoritos ardientes como temibles volcanes; lunas con enormes cráteres como montañas… Todo eso veo en la profundidad de tus ojos negros, inmutable ébano en la inmensidad de la existencia. El infinito, la caducidad vuelta inmortalidad por lo magnífico de la vida…

Deseo con locura perderme en tus ojos negros. Poseerlos, amarlos y adorarlos como antaño se adoraban a los antiguos dioses. Porque no hay nada más que anhele: ni el amor, ni la sabiduría, ni tan siquiera la vida eterna. Sólo tus bellos ojos negros y la llama ardiente que veo en ellos.

Porque serás vida y muerte al mismo tiempo, amor y odio, bien y mal.

Y yo tu esclavo enfermo.

Amado Hombre

Amado, ¡oh, amado hombre! Cuan largo tiempo he soñado con acariciar tu cuerpo, tu suave piel bañada en sudor y lágrimas bajo esos cálidos días de sol que a ti y a mi se nos han antojado siempre tan fríos. Cuántas veces habrán soñado mis dedos con perderse en tu cabello, mis ojos en los tuyos, profundos y distantes… Cuántos días he imaginado haciéndote el amor contranatura, como ellos mismos dicen, sin importar el qué pensarán ni el qué nos dirán. Cuántos días habré susurrado tu nombre maldito al viento, perdiéndose al final del mundo y volviendo a mí a casa segundo sin importar las distancias.

Y cuánto miedo he sentido ante el mundo, que no nos entiende ni nos comprende. Cuántas noches habré llorado porque me han dicho que estaba mal, que no era más que vicio y perversión. Pero el pecado, ¡oh, el pecado! se vuelve tan maravilloso cuando lleva tu rostro como una máscara fundida con la piel. Siento ese maravilloso escalofrío cuando pienso en ti, cuando recuerdo tu aroma allá donde vaya, el sonido de tus pasos en las calles, el increíble timbre de tu voz en el recuerdo.

Amado, ¡oh, amado hombre! Hazme tuyo una vez más. Hazme la criatura que quiero ser, buena y tierna, dulce y cariñosa, sin importarme el mundo y sus terribles consecuencias. Ámame como yo te amo, con esta loca devoción insana que me pierde y que hace que no me importe nada. Porque somos sólo hombres, y nos debemos a nuestra alma pecaminosa.

Hazme tuyo, ¡oh, amado hombre! Y seré, al mismo tiempo, el hombre más feliz de la tierra.

Catalunya, t’estimo

Hoy toca una dedicatoria muy especial, en la lengua que hace que me emocione y me hinche de orgullo. Porque hoy es nuestro día una vez más, y lucharemos porque así lo siga siendo.
A los que no entendáis catalán no os preocupéis, tenéis la traducción más abajo.

 

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Perquè el cor em batega a un ritme insospitable. La sang corre, crema, plora i s’emociona cara dos colors, cara una bandera, cara un himne que posseeix el meu cos i la meva ànima. 

I no hi puc fer res, perquè és la meva terra, la meva nació, qui em va donar la vida i em veurà morir, on les meves  cendres es fondran d’aquí a les noves genereacions que l’estimin tant com me l’estimo jo. Perquè ara és millor del que va ser pels meus pares, però serà millor pel dia que sigui dels meus fills. I no hi ha mal, només orgull i dita per una història espléndida, meravellosa, plena d’homes valents que alimenten la nostra passió tot i el temps passat. A vosaltres, avantpassats del meu país, de casa meva i del meu cor, us dono les gràcies un dia més per aquest amor a la meva llar.

Feliç diada, i visca Catalunya!!

 

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Porque el corazón me late a un ritmo insospechable. La sangre corre, arde, llora i se emociona ante dos colores, ante una bandera, ante un himno que posee mi cuerpo y mi alma.

I no puedo hacer nada, porque es mi tierra, mi nación, quien me dio la vida y quien me verá morir, donde mis cenizas se fundirán de aquí a las nuevas generaciones que la amen tanto como la amo yo. Porque ahora es mejor de lo que fue para mis padres, pero será mejor que el día que sea de mis hijos. Y no hay ningún mal, sólo orgullo y dicha por una historia espléndida, maravillosa, llena de hombres valientes que alimentan nuestra pasión a pesar del tiempo. A vosotros, antepasados de mi país, de mi casa y de mi corazón, os doy las gracias un día más por este amor a mi hogar.

Feliç diada, i visca Catalunya!!

 

 

Catalunya, triomfant,
tornarà a ser rica i plena!
Endarrera aquesta gent
tan ufana i tan superba!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Ara és hora, segadors!
Ara és hora d’estar alerta!
Per quan vingui un altre juny
esmolem ben bé les eines!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Que tremoli l’enemic
en veient la nostra ensenya:
com fem caure espigues d’or,
quan convé seguem cadenes!

Bon cop de falç!
Bon cop de falç, defensors de la terra!
Bon cop de falç!

Caricias

El fantasma de sus caricias aún estaba vivo en ella. Sabía que no era el viento, ni la melancolía, ni tan siquiera unos recuerdos tan poderosos que se volvían reales: simplemente su amor aún seguía allí, pasados los años, y seguiría muchos más, cuando su piel suave y tersa se volviera arrugada y marchita, cuando la calidez se tornara hielo y cuando sus enormes ojos se hundieran en sus cuencas cegándola del triste mundo que la rodeaba y la había dejado sola. Porque no, no había suficiente comprensión en el mundo, ni consuelo alguno, ni palabras cariñosas que la ayudaran a olvidar aquellas dulces caricias.

Sus dedos entrelazándose entre los mechones de su pelo.

Las falanges rozando su cuero cabelludo.

Sus cálidas manos rozándole el cuello.

Y sin necesidad de decir un solo “te quiero”.

Y aunque su cuerpo permaneciera frío bajo tierra desde hacía una eternidad, ella le seguía amando, recordando a cada instante. Cada ínfimo segundo se le hacía duro perdido en su recuerdo, pero ya ni el de su rostro, ni el de su nombre, ni el de su sonrisa… Sólo sus manos. Se dejó llevar entre los susurros del aire, clamando tras una única lágrima silenciosa compasión al universo, rezando y rezando volver a sentir el calor de sus manos una última vez.

Pero ya no había nada.

Y en nada se convirtió, sólo recordando sus caricias mientras sonreía y desaparecía.